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Autor: rodolfo

El curioso incidente del SS Laconia

Es el 12 de septiembre de 1942.  La guerra en el mar arrecia.  Los submarinos alemanes dan caza a buques ingleses y aliados en el vasto océano Atlántico.

El U-156, capitaneado por Werner Hartenstein, llevaba horas siguiendo la delatadora nube negra generada por las cansadas calderas del RMS Laconia, al mando de Rudolph Sharp, OBE, que navega sin escolta rumbo a Inglaterra. Botado en 1922, fue uno de los primeros cruceros de la Cunard White Star, y había sido requisado en 1939 por el Almirantazgo como transporte de tropas. En su misión actual transportaba a 300 tripulantes y pasajeros ingleses, además de 1800 prisioneros de guerra italianos custodiados por solados polacos.

Al caer la noche, el U-156 se acerca sigilosamente al barco, a las 10:07pm, dispara dos torpedos que aciertan.  Las explosiones matan instantáneamente a muchos prisioneros, y generan grandes boquetes en el casco.  El capitán Sharp ordena la evacuación general y envía un mensaje por radio solicitando ayuda, que nadie recibe por lo remoto de la ubicación.

En el caos general, las mujeres y los niños son subidos primero a los botes salvavidas, seguidos por el personal inglés mientras los soladados polacos intentan en vano mantener a raya a los más de mil prisioneros italianos.  El Laconia finalmente se hunde con su capitán a bordo, dejando a cientos de náufragos en los pocos botes que pudieron lanzarse a tiempo, o flotando con chalecos salvavidas.

Leopold Schuhmacher / Wikimedia Commons / Public Domain

Leopold Schuhmacher / Wikimedia Commons / Public Domain

Poco después, el U-156 emerge y se acerca con el fin de obtener inteligencia de la tripulación del barco hundido. Es entonces cuando su capitán descubre con horror que gran parte de los náufragos eran soldados italianos, sus propios aliados.  Inician labores de rescate y envían un mensaje a sus superiores indicando que habían italianos entre los rescatados. El comando de operaciones submarinas alemán, liderado por Karl Dönitz responde y envía a siete submarinos, que se encontraban acechando a los buques que salían de Cape Town, además de un submarino italiano y tres buques que habían sido capturados a la marina francesa.

La tripulación del submarino U-156 atiende lo mejor posible a los náufragos subiéndolos a la cubierta del submarino, repartiendo suministros, atención médica y engancha a los botes salvavidas que encuentra.  Colocan una gran bandera de la cruz roja en la cubierta con el fin de anunciar que se encontraba en operaciones de rescate. 

Con más de 200 náufragos a bordo del submarino,  el capitán Hartenstein hace un llamado por radio en canales abiertos solicitando ayuda para el rescate de los náufragos.:

If any ship will assist the shipwrecked Laconia crew I will not attack her, providing I am not being attacked by ship or air force. I picked up 193 men. 4°-53” South, 11°-26” West. – German submarine.»

Los ingleses en Freetown, Sudáfrica, reciben el mensaje pero deciden ignorarlo, al considerarlo una treta.

El U-156 permanece dos días y medio en la superficie hasta que llegan dos submarinos alemanes, U-506 y U507 y el Comandante Cappellini, italianoEntre todos se reparten los botes salvavidas y los náufragos, y se dirigen hacia la costa africana para encontrarse con los barcos de la Francia ocupada.

Durante la navegación nocturna, los submarinos se separan.  A la mañana siguiente, el U-156 es avistado por un bombardero B24 Liberator estadounidense.  El submarino, envía un mensaje en inglés y en morse indicando que se encontraban en una misión de rescate y pedía que no se les disparara.  Un tripulante inglés rescatado envía por radio:

BBC

«RAF officer speaking from German submarine, Laconia survivors on board, soldiers, civilians, women, children.»

El teniente James D. Hardin de la USAF avisa a su base en la Isla Asención.  El oficial en servicio aquel día, Captain Robert C. Richardson III teme que los alemanes descubran su base, que era secreta, y emite la orden: «hundan el submarino».

El bombardero ataca al U-156 en repetidas ocasiones. Su capitán, consternado, ordena sumergirse lentamente para que los náufragos, aún en cubierta, tengan oportunidad de salvarse. En el siguiente ataque, una de las bombas acierta pero no al submarino, sino a uno de los botes salvavidas, matando a todos abordo.

Al día siguiente, Hardin en su B24 y otros bombarderos continúan la búsqueda de los submarinos alemanes y bombardean al U 506, que llevaba a bordo a 151 supervivientes, entre ellos mujeres y niños.  Su capitán da la orden de sumergirse de inmediato y abandonan a los náufragos.

Unos días más tarde, los barcos franceses enviados logran rescatar a la mayoría de los sobrevivientes.  En total, el número de fallecidos en el incidente fue de 1,658, incluso mayor que las pérdidas en el Titanic.

Karl Dönitz - Bundesarchiv

Karl Dönitz - Bundesarchiv

Consecuencias a largo plazo

Hasta ese momento, era común que los submarinos alemanes asistiesen a las tripulaciones de los buques torpedeados y les suministrasen agua, comida, primeros auxilios y les indicaran la dirección de la tierra más cercana. El almirante Dönitz, al enterarse de los ataques a sus submarinos, emite el Triton Null, más tarde conocida como la Orden de Laconia. En ella se prohibe expresamente asistir a los náufragos. Aún así, hubo varios casos donde las tripulaciones de los U-boots ofrecieron asistencia.  El mismo Capitán Hartenstein volvió a suministrar asistencia a los sobrevivientes de otro ataque sólo 3 días después de regresar al mar.

Durante los juicios de Nürnberg tras el fin de la guerra, Dönitz fue procesado por crímenes de guerra. El caso en su contra estaba basado principalmente en la Orden Laconia. La defensa tuvo entonces la oportunidad de narrar los múltiples incidentes en los que los alemanes habían provisto asistencia humanitaria los náufragos, mientras que los aliados habían actuado insensiblemente en casos similares. Dönitz testificó que la orden había sido emitida tras los ataques de la aviación estadounidense durante la operación de rescate.  Incluso el almirante estadounidense Chester Nimitz declaró durante el jucio que ‘la marina estadounidense había librado una guerra submarina sin restricciones, similar a lo establecido por la Orden Laconia, desde el inicio de las hostilidades’.

Ese testimonio hizo que la corte no impusiera una sanción por crimen de guerra a Dönitz, quien sólo sirvió 8 años de prisión, a diferencia de muchos de otros oficiales superiores alemanes que fueron sentenciados a muerte.

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Vergeltungswaffen

Lanzamiento de misil V2 desde Peenemünde, 1944

Durante la Segunda Guerra Mundial, el 29 de septiembre de 1943, Albert Speer, quien fungía como Ministro de Armamento del III Reich, prometió publicamente una represalia contra las ciudades aliadas por el bombardeo de infraestucturas alemanas. Meses después, el mundo observaba atónito el despliege de los primeros misiles crucero en contra de Londres.

Las nuevas ‘bombas voladoras’ eran llamadas ‘V-1’ o ‘Vergeltungswaffe Eins’. Este término en alemán (arma de venganza) trae implícito tanto la ira – la marea de la guerra ya iba en contra del Reich de los Mil años – como la impotencia – ya no podían bombardear Londres por medios convencionales al haber perdido la Luftwaffe la superioridad aérea. Pese a los heroicos esfuerzos de la Real Fuerza Aérea, durante meses cerca de cien misiles diarios causaron caos, miseria y cerca de 12.000 muertos principalmente entre la población civil.

En 1944, la llegada de los primeros misiles balísticos alemanes V2 llevó la campaña de venganza nazi a nuevos niveles. Sólo en Londres las nuevas bombas mataron a casi 3.000 personas. Ninguna de las armas existentes podían interceptar estos misiles durante su vuelo. Sólo la llegada de las tropas aliadas a las instalaciones de lanzamiento en la costa europea pudo poner fin a los lanzamientos.

Es Octubre de 2022. Hace unos días el ejército ruso ha desplegado nuevamente sus misiles crucero y los ha disparado a las principales ciudades Ucranianas, bombardeando a la población civil de manera indiscriminada. Esto ocurre durante la ofensiva terrestre del ejército ucraniano que ha recuperado extensos territorios previamente ocupados y ocasionado la mayor derrota del ejército ruso desde la II Guerra Mundial.

El reinicio de la campaña de bombardeo a la población civil con misiles sólo puede entenderse por parte de Putin como sus propias ‘Vergeltungswaffen’, al no haber podido lograr los objetivos de su operación militar’.

¿Habrá un nuevo juicio de Nüremberg al terminar esta guerra?

El regreso del dragón

Hace algunas semanas conversaba con mi hijo acerca de una asignatura de su colegio, que trataba acerca de las migraciones y sus causas. Le contaba que durante milenios, una de las principales causas de que pueblos enteros migraran lejos de su tierra natal era la guerra. Las interminables luchas de poder entre reyes, imperios y bienintencionadas ‘intervenciones’ hicieron que millones de personas huyeran para salvar sus vidas, generalmente con poco más que lo que traían puesto.

Matizaba el relato explicándole que, al día de hoy, en pleno siglo XXI, las guerras de antaño eran obsoletas. Algo que ahora sólo se veía en The Avengers o en documentales, ya que los seres humanos habíamos aprendido a resolver los problemas entre naciones de una manera civilizada.

¡Qué equivocado estaba yo! La invasión del ejército ruso a Ucrania nos ha demostrado que los perros de la guerra siguen vivos. Como en un libro de Tolkien, quien por cierto se inspiró en su experiencia en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, el mal no ha desaparecido. Sólo se oculta por un tiempo, y se fortalece cuando el bien se olvida de él.

Y quien crea que una vez que se apague el último eco de los cañones en Ucrania esto habrá terminado, se equivoca también.

Hay mucho más en juego. Para muestra, un botón:

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la noche del 11 de noviembre de 1940, una flotilla de aviones torpederos Swordfish de la Real Fuerza Aérea británica despegó desde el portaviones HMS Illustrious y atacó a la flota de la Marina Italiana, fondeada en el puerto de Taranto. El inesperado ataque eliminó, de un solo golpe, a la mitad de los buques capitales de la Regia Marina, dejándola prácticamente fuera de combate.

Taranto – Geoffrey Bagley, 1958

A los pocos días, Takeshi Naito, el agregado naval japonés destacado en Berlín, viajó a Taranto a investigar de primera mano lo sucedido. Naito reportó detalladamente sus análisis del ataque al Comandante Mitsuo Fuchida. El 7 de diciembre del siguiente año, Fuchida lideraría un ataque japonés muy similar contra Pearl Harbor, la principal base naval de los Estados Unidos. Este ataque sorpresa daría inicio a la intervención de este país en la guerra.

Hoy, líderes de varias naciones observan con enorme interés el desarrollo de la invasión rusa. La caída de Ucrania demostraría que la sociedad probablemente le permitirá a ellos también actuar e invadir a sus vecinos. ¿Será Taiwán el siguiente? ¿Moldova? Siempre hay alguien que mira lo que hacemos y lo toma como inspiración.

En Kiev, Jarkov y Mariupol no sólo se lucha por un país. Es el futuro de nuestra sociedad lo que está en juego.

Imagen de portada: Smaug, illustration de David Demaret

Chamberlain

‘La Paz en nuestros tiempos’

El 30 de septiembre de 1938, el primer ministro británico Neville Chamberlain bajó de un avión en el aeropuerto Heston en Londres. Acababa de regresar de reunirse con Adolf Hitler en Munich. Poco antes, el Führer había amenazado con invadir la zona de los Sudetes, en Checoslovaquia, hogar de 3 millones de germanoparlantes.

Durante semanas, Chamberlain había tratado de negociar una solución por la vía diplomática. Al regresar de Munich, el primer ministro británico mostró un papel firmado por Hitler donde éste, a cambio de la incorporación de los Sudetes al Reich, se comprometía a respetar las fronteras y reconocer al resto del estado Checoslovaco. Chamberlain estaba feliz, y dijo a los periodistas que lo recibieron en el aeropuerto que su acuerdo había logrado ‘la paz en nuestros tiempos’.

Todos sabemos lo que ocurrió pocos meses después cuando Hitler no cumplió con su palabra: La Segunda Guerra mundial.

Munich se convirtió rápidamente en un ejemplo de los peligros de apaciguar a gobiernos agresivos. Son como el marido golpeador: primero abofetea a la esposa, si ésta no hace nada, probablemente luego la mande al hospital, y en ocasiones, a la morgue.

Para Ucrania la invasión de ayer por parte del ejército ruso equivale a ser molida a patadas por Putin. Ucrania llevaba años avisando que tenía un marido golpeador, y pidiendo auxilio a los vecinos. La mayoría de ellos decidieron hacerse de la vista gorda y dejarlo pasar. A fin de cuentas, Rusia tiene gas barato y abundante, y los inviernos en Europa son fríos.

Vecinos de Kiev junto a restos de un avión derribado – Reuters

Ahora el ejército rojo está a las puertas de Kiev, y pocos dudan que los ucranianos puedan resistir mucho tiempo más.

¿Será que Putin se conformará con implantar un gobierno títere en esta ex república socialista soviética? O, envalentonado por la inmovilidad de la OTAN, continuará con su expansión como lo hizo Hitler en 1939?

«Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.

Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí»

– Martin Niemöller (1892-1984)

La chispa adecuada

Un conflicto militar que duraría 20 años comenzó con una cuestión de etiqueta:
¿Deberían los barcos holandeses arriar su bandera ante los ingleses?

1651. Eran tiempos tensos entre Inglaterra y los Países Bajos. Una creciente rivalidad por la supremacía en las rutas comerciales había ensombrecido los ánimos entre ambas naciones. Oliver Cromwell, como líder de la Commonwealth, firmó los Navigation Acts, que, entre otras cosas, ordenaba que todo barco extranjero que navegara por el Canal de La Mancha bajara su bandera ante los barcos de la Navy, como señal de aceptación que aquellas eran aguas inglesas.

El 29 de mayo de 1652, una flota inglesa de barcos de guerra bajo el mando de Robert Blake encontró a una flota mercante holandesa escoltada por barcos del la armada holandesa liderada por el almirante Maarten Tromp a bordo del Berode. Marinero endurecido desde su infancia y vencedor de la batalla del Downs, Tromp no era un hombre propenso a gestos serviles. Blake, al ver la bandera desafiante del Berode sin arriar, ordenó disparar tres tiros de cañón como advertencia. Ya sea por accidente o a propósito, uno de los cañonazos acertó al barco insignia de los holandeses.

Tromp, mosqueado, de inmediato ordena una andanada con todos los cañones del Berode en contra de los barcos ingleses y así da comienzo a la batalla. Durante cinco horas ambas flotas se baten a cañonazos hasta que los holandeses se retiran. Semanas después, los ingleses declaran formalmente la guerra, lo que marcaría el inicio la primera de las tres Guerras Anglo-neerlandesas, conflictos armados que durarían dos décadas.

Ni los ingleses ni los holandeses realmente deseaban desangrarse mutuamente durante veinte años de guerras. Entonces ¿Por qué pelearon?

Cuando los ánimos están suficientemente caldeados entre dos bandos sólo falta una chispa para que todo arda. Y una vez desatadas las huestes, es difícil volver a meterlas en el redil.

Aún en el siglo XXI seguimos viendo a diario ejemplos de conflictos armados entre países, grupos antagónicos o incluso vecinos, ocasionados porque alguien perdió la cabeza. Ira, pólvora, chispa. A veces no creo que hayamos aprendido nada de Blake y de Tromp.

¿Caminos? A donde vamos no los necesitamos.

Muchos recordamos al Doc Emmet Brown diciendo estas líneas en la escena final de Volver al Futuro, una de las películas más influyentes de los años ochenta. Algunos crecimos esperando que el año 2015 nos trajera algunas de las promesas que aparecen en la película, tal como patinetas flotantes o automóviles voladores.

Si bien los hoverboards aún son sólo sueños, la semana pasada dos empresas lanzaron a la venta sus respectivos vehículos voladores.  Con más parecido a las motos deslizadoras de El Retorno del Jedi que a un DeLorean volador, estos aparatos cumplen con los sueños de muchos: Son vehículos para un pasajero que despegan de forma vertical, se manejan como una moto voladora y alcanzan velocidades cercanas a los cien kilómetros por hora.

Jetson One
Xturismo

En los últimos años, varias empresas han mostrado sus avances en diversos proyectos, desde taxis voladores de gigantes como Airbus hasta aparatos construidos en pequeños ‘garajes’ de entusiastas aficionados. Loa avances en materiales, baterías y miniaturización nos acercan cada vez más al sueño de volar sin ser pilotos.

Hace una semana, Jetson One anunciaba el inicio de la venta al público del Jetson One:  Un vehículo eléctrico personal ultraligero con despegue y aterrizaje vertical.  Con velocidad máxima de más de 100km/h y un alcance de hasta 30 km, tiene el potencial de convertir un paseo en el bosque en algo parecido a las carreras de Pods de Star Wars, pero sin los disparos de los Sand People. 

Claro que Jetson promociona su vehículo con fines recreativos, pero vamos ¿A quién no le gustaría volar por encima del tráfico matutino, sin los embotellamientos a los que están sometidos los comunes mortales?  Por cierto, su precio es de 95,000 dólares americanos, y su producción está bastante limitada, así que, si lo ordenas hoy, no esperes recibirlo antes de uno o dos años.

Xturismo, de la empresa japonesa ALI Technologies fue presentada la misma semana.  Esta hoverbike, cuenta con un diseño más agresivo, definitivamente inspirado en el Anime, y no habría estado fuera de lugar en Akira.  Cuenta con una gran potencia y mayor autonomía gracias a su propulsor de combustión interna, pero también con un nivel de ruido infernal – adecuado en las pistas de carreras, pero difícilmente la veremos en las calles.  Claro que, a un precio de más de 600,000 dólares, será un gusto bastante caro.

The Speeder

The Speeder, de la empresa californiana JetPack aviation no se queda atrás. Aunque aún no está disponible – se espera que pueda adquirirse en 2023 – es bastante más rápida con una velocidad máxima de hasta 240 km/h.  Tiene dos versiones, la UVS que puede ser manejada con entrenamiento mínimo y está limitada a sólo 96 km/h y la EVS, que requiere una licencia de piloto privado sin limitación de velocidad. Está pensada para aplicaciones militares y gubernamentales, tales como rescate. 

Con un precio de 380,000 dólares, y un aspecto digno de Las Guerras Clon, habrá que verla en acción.

La caída de Kabul

Ayer leí con sorpresa que los talibanes habían llegado a la capital de Afganistán y tomado control del gobierno prácticamente sin oposición alguna. Apenas un par de días antes había visto algún reportaje acerca del avance de los insurgentes y los planes de Estados Unidos de completar la retirada antes de fin de año. ¿Cómo ha podido una milicia, sin armamento pesado ni aviación tomar el control de un país en tan poco tiempo?

Entonces recordé la portada de una vieja revista TIME que ví hace ya varias décadas.

Portada de la revista TIME, 15 de Abril de 1985

Debo admitir que una buena parte de mi aprendizaje del idioma inglés se debe a la vasta colección de revistas TIME que tenía mi padre allá por los años 80s. Las leía de cabo a rabo en mis tiempos libres – recordemos que internet no existía aún -, y me impactaron de sobremanera las fotos de la caída de Saigón y la huída del personal estadounidense que aún quedaba en la ciudad cuando llegaron las tropas del vietcong, considerados por aquellos como una guerrilla de ‘flachuchos’.

La portada de la revista en cuestión mostraba a un helicóptero Huey posado en el techo la embajada en Saigón, evacuando a los pocos afortunados que cabían en la pequeña aeronave. La ciudad había caído más rápidamente que las expectativas más pesimistas.

La retirada de Vietnam se convertía en una parte dolorosa de la cultura popular estadounidense, y los 80s estuvieron llenos de películas en las que fornidos y sudorosos héroes como Chuck Norris o Sylvester Stallone volvían a la selva a tomar venganza.

La foto de más arriba es de Stefan Simanowitz y fue tomada durante la evacuación de la embajada de los EEUU en Kabul, Afganistán, mientras los talibanes ingresan a la ciudad. Es notorio que ni las tropas ni el personal civil afgano que colaboró durante casi dos décadas estaba preparado para la rápida llegada de los talibanes.

Hoy durante el desayuno veía escenas de absoluto caos en el aeropuerto de Kabul: decenas de personas trataban de subirse a un avión carguero de la Fuerza Aérea de EEUU en movimiento mientras helicópteros de ataque Apache despejaban la pista para que éste pudiera despegar.

Todos sabíamos que lo talibanes regresarían al poder en Afganistán – el gobierno de Afganistán, apoyado por los EEUU había entablado conversaciones de paz pero en una grave posición de debilidad al acercarse el fin de la presencia de su principal aliado. Es la velocidad de lo ocurrido lo que ha sorprendido a todos.

No por nada ese país ha sido llamado ‘La Tumba de los Imperios’, en referencia a quienes han tratado de conquistar Afganistán desde la época de los antiguos griegos. Los ingleses, rusos y ahora los Estados Unidos se incluyen en esa lista.

A Alejandro Magno, que hace más de dos mil años extendió su imperio hasta los confines de la India, se le atribuye esta frase: “Que los dioses nos libren del veneno de la cobra, de los colmillos del tigre y de la venganza de los afganos”.

¿Wall-E o Skynet?

La inteligencia artificial tiene el potencial de acelerar el progreso de la humanidad o destruirnos a todos.

Hace un par de días miraba un video sobre la operación de la Terminal de Yangshan, la mayor terminal portuaria automatizada del mundo, ubicada en en Shanghai, China. En el corto, decenas de grúas movían contenedores y los colocaban en remolques eléctricos autónomos con la gracia de una coreografía de ballet. O con la fría eficacia de las máquinas de The Matrix, dependiendo de como uno lo quiera ver.

Terminal Autónoma de Contenedores de Yangshan, Shanghai – China

Desde sus inicios, la Inteligencia Artificial o AI ha generado no pocos recelos. Infinidad de novelas y películas advierten sobre los posibles peligros de una inteligencia no humana. HAL 9000, Skynet, Ultron y los Cylons trataron de eliminar a todos los humanos a su alcance, mientras que V.I.K.I. o Auto sólo intentaron dominarlos ‘por su propio bien’.

Elon Musk, uno de los mayores conocedores de las capacidades de la IA ha expresado su desconfianza: «La naturaleza de la IA que están construyendo es una que aplasta a todos los humanos en todos los juegos», dijo al New York Times en una nueva entrevista. «Quiero decir, es básicamente la trama en ‘War Games‘». En esa película de los 80s, una supercomputadora convence al estado que un ataque nuclear de la Unión Soviética es inminente, lo que casi ocasiona un ataque real. En un tweet de 2014, Musk expresaba que «La IA es potencialmente más peligrosa que las armas nucleares«.

En la película Wall-E, de Pixar, Auto, el robot piloto automático de la astronave Axioma se amotina contra su capitán y se defiende para tratar de cumplir a rajatabla con su programación. No todas las IA de la ciencia ficción son tan benévolas.

Coincidentemente, hace unos días Tesla anunciaba que poseen la quinta supercomputadora más rápida del mundo, que emplean para ‘entrenar a la inteligencia artificial para la conducción autónoma’. Un fin mucho más benigno que esclavizar seres humanos, definitivamente. En teoría, los vehículos autónomos podrían ser mucho más seguros que los operados por seres humanos susceptibles al cansancio, sustancias tóxicas o enojo. Según el IIHS (Instituto para la Seguridad en Carreteras, de EEUU), los vehículos completamente autónomos podrían evitar hasta un 71% los accidentes. Algo interesante es que, al menos en EEUU, según una encuesta realizada el año pasado sólo un 12% de los automovilistas dice confiar plenamente en un vehículo sin conductor.

Dron Kargu-2: Un ‘arma letal autónoma’

¿Podrían hoy en día existir en realidad máquinas autónomas asesinas? La respuesta es ‘sí’, al menos así lo indica un reciente reporte de la ONU. Según el documento, en 2020, un Dron STM Kargu-2, definido en el reporte como un ‘arma letal autónoma’ fue desplegado en combate, tras lo que buscó y atacó por su cuenta a miembros de las fuerzas armadas de Libia. A diferencia de los conocidos drones empleados desde hace años por las fuerzas armadas de los Estados Unidos y otros países, estos aparatos ‘están programados para buscar y atacar objetivos sin requerir una conexión de datos entre el operador y las armas‘. Algo así como un T-800, pero sin el cuerpo de Arnold Schwarzenegger en The Terminator.

Entonces, ¿Deberíamos preocuparnos que en el futuro cercano nuestro coche tome conciencia y decida eliminarnos? Personalmente, creo muy improbable dicho escenario.

Más plausible es que personas (o empresas o países – todas ellas formadas por humanos) empleen la IA para intentar dominar, esclavizar o eliminar a otro grupo de personas. Hechos como La guerra de los chimpancés de los años 70s (no me lo inventé, los invito a leer el artículo de la BBC) nos muestran que estos comportamientos han existido entre nuestros antecesores desde antes la aparición del hombre moderno, así que sería lógico concluir que la IA asesina sería únicamente una extensión de nuestros instintos.

Por ahora, estoy satisfecho con que la IA de Netflix me recomiende películas que probablemente me gustarán o que Google Maps me indique la ruta más rápida a mi destino. No pido más.

Nos vemos en Valhalla

Una de las razones por las que siempre me han fascinado los relatos bélicos es tratar de entender los motivos que pueden llevar a un ser humano a realizar actos que trascienden lo que se espera de nuestros espíritus mundanos y corrientes.

En los ‘Cantos populares de la Antigua Roma’, el historiador Thomas B. Macaulay relata que en 508 AC los romanos divisan al ejército etrusco acercándose a la ciudad. Horacio Cocles, el capitán de la puerta que da a río Tíber, decide enfrentar en solitario al enemigo mientras sus compatriotas demuelen el único puente que permite el acceso a Roma:

“Habló pues el valiente Horacio, capitán de la puerta:
A todo hombre de esta tierra tarde o temprano le llega la muerte.
¿Qué mejor manera de morir puede tener un hombre
que la de enfrentarse a su terrible destino,
defendiendo las cenizas de sus padres
y los templos de sus dioses?»

Lays of Ancient Rome – 1842

Más reciente es la historia del Sargento Thomas A. Baker. Miembro de la fuerza expedicionaria del Ejército de los Estados Unidos, participó en 1942 en la captura de Saipan de manos de los japoneses. Él y sus compañeros fueron sorprendidos por una carga de 5000 soldados enemigos. Baker, herido de bala, fue cargado por sus compañeros. Sabedor que eso retrasaría la retirada, les pidió que lo dejaran con una pistola Colt 1911 y un cargador con 8 tiros para ‘comprarles algo de tiempo’. Semanas después, cuando las tropas estadounidenses finalmente capturaron la isla, encontraron el cuerpo del Sargento Baker junto al árbol donde lo habían dejado, frente a los cuerpos de ocho soldados japoneses. Fue condecorado con la Medalla de Honor de forma póstuma.

Pero mi favorita es la de Heinrich Ehrler, un distinguido piloto de combate alemán que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial. Considerado un as, obtuvo 208 victorias confirmadas. En 1944 fue asignado como responsable de la defensa del acorazado Tirpitz, el último gran buque que le quedaba a la Kriegsmarine. Un fallo en la comunicación entre la marina y la fuerza aérea ocasionó que su ala de combate no estuviera en el lugar correcto para interceptar a los bombarderos Lancaster de la Fuerza Aérea Británica, lo que resultó en el hundimiento del barco insignia de la flota.

Sometido a corte marcial, Ehrler fue relevado del mando y sentenciado a prisión.

Pero la guerra se acercaba a su fin. En febrero del año siguiente fue perdonado por Hermann Göring y asignado a ‘la defensa del Reich’, derribando 8 aviones con su jet de combate ME 262. El 4 de abril de 1945, menos de un mes antes de la caída de Berlín, el Mayor Ehrler y su escuadrón atacaron a un grupo de bombarderos B-24, derribando él a dos de ellos pero siendo dañado su avión por el fuego defensivo. Ehrler enfrentó a un tercer bombardero, llamó por radio a su base y dijo:

«Theo, Heinrich hier, hab keine Munition mehr. Werde sie rammen. Wir sehen uns in Walhalla!»

En español «Theo, aquí Heinrich, ya no tengo municiones. Lo embestiré. Nos vemos en Valhalla!» La explosión tras el choque destruyó ambos aviones. El cuerpo del Mayor Ehrler fue encontrado al día siguiente.

Estas y otras historias similares han inspirado innumerables obras, libros y películas durante siglos, y creo que lo seguirán haciendo por un buen rato más. ¿Por qué aún hoy en día, en la época más pacífica de la historia, seguimos disfrutando de relatos de guerra y violencia? En lo personal, porque creo que los grandes conflictos revelan lo que las personas somos capaces de hacer, y que todos esperamos (¿O aspiramos?) a la oportunidad de mostrar valentía y heroísmo.

O quizá, como dijo Charles Bukowski ‘…porque ninguna buena historia comienza con: Estaba yo comiéndome una ensalada’.

“Para llegar a donde nadie ha llegado jamás”

La secuencia de títulos iniciales de la serie de TV de los 60s Star Trek incluye esta frase para explicar la misión de la astronave Enterprise y su valiente tripulación.

La historia – y, por supuesto, el futuro – están llenos de ejemplos de grandes apuestas. Desde algún ancestro que arriesgó la vida para atravesar a pie el desierto en busca de mejores terrenos de cacería, pasando por Cristóbal Colón y su búsqueda del camino a las Indias hasta los visionarios contemporáneos como Steve Jobs o Elon Musk, todos tienen en común el haberlo apostado todo para ir donde nadie lo había hecho antes.

Aún quienes fallaron espectacularmente, como el capitán Scott – fallecido con toda su expedición al tratar de ser el primer hombre en llegar al Polo Sur – o Ernest Shackleton, cuya tripulación quedó atrapada en el hielo antártico durante meses y quien protagonizó un rescate épico, dejaron su huella en la historia de la exploración.

Si hay tanto por ganar al dedicarlo todo a una idea, empresa o aventura, ¿Por qué no lo hace más gente? En parte se debe a la real posibilidad al fracaso. Por cada antepasado que logró atravesar el desierto, incontables perecieron devorados, por hambre o de sed. O en el mar, como más del 90% de los tripulantes de Magallanes y Elcano en la primera vuelta al mundo. O quedaron en bancarrota como Preston Tucker o James DeLorean, los antecesores de Elon Musk y su Tesla Motors.

Pete Athans, alpinista que fracasó en sus primeros intentos de escarlar el Everest dijo ‘Las primeras 4 veces aprendí como no subir al monte Everest. Fracasar te brinda la oportunidad de refinar tus métodos. Tomas riesgos de forma más inteligente cada vez’.

Al final lo consiguió – siete veces.

Elon Musk publicó hace unos años un video titulado ‘How not to land an orbital rocket booster’ donde muestra los fallos, una y otra vez, al intentar aterrizar sus cohetes espaciales. Hasta que al final lo logró, y con ello revolucionó el mercado de lanzamientos al reducir drásticamente el costo del acceso a la órbita terrestre.

Entonces, ¿Deberíamos debemos lanzarnos ‘al infinito y más allá’ en busca de gloria y conquista? Creo que lo importante es definir nuestros sueños. No todos estamos llamados a explorar los confines del planeta, inventar el próximo Facebook o ser presidente del país. Pero sí que podemos aspirar a cosas grandes, como ser la mejor versión posible de nosotros mismos.

Debemos saber que el camino es difícil, y que no hay nada valioso que no requiera de mucho esfuerzo y sacrificio, porque es justo esa dificultad, la lucha, la que le da valor a la meta buscada. Y si no se logra la victoria al primer intento, tenemos la oportunidad de aprender y mejorar. Ya que con cada fracaso se aprende como no hacer algo.

La alternativa es no intentarlo, y conformarnos con lo fácil y cotidiano.

«El mayor peligro que enfrentamos somos nosotros mismos, un miedo irracional a lo desconocido. Pero no existe tal cosa como lo desconocido — sólo cosas temporalmente ocultas, temporalmente no comprendidas.»

Capitán James T. Kirk, USS Enterprise