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La chispa adecuada

Un conflicto militar que duraría 20 años comenzó con una cuestión de etiqueta:
¿Deberían los barcos holandeses arriar su bandera ante los ingleses?

1651. Eran tiempos tensos entre Inglaterra y los Países Bajos. Una creciente rivalidad por la supremacía en las rutas comerciales había ensombrecido los ánimos entre ambas naciones. Oliver Cromwell, como líder de la Commonwealth, firmó los Navigation Acts, que, entre otras cosas, ordenaba que todo barco extranjero que navegara por el Canal de La Mancha bajara su bandera ante los barcos de la Navy, como señal de aceptación que aquellas eran aguas inglesas.

El 29 de mayo de 1652, una flota inglesa de barcos de guerra bajo el mando de Robert Blake encontró a una flota mercante holandesa escoltada por barcos del la armada holandesa liderada por el almirante Maarten Tromp a bordo del Berode. Marinero endurecido desde su infancia y vencedor de la batalla del Downs, Tromp no era un hombre propenso a gestos serviles. Blake, al ver la bandera desafiante del Berode sin arriar, ordenó disparar tres tiros de cañón como advertencia. Ya sea por accidente o a propósito, uno de los cañonazos acertó al barco insignia de los holandeses.

Tromp, mosqueado, de inmediato ordena una andanada con todos los cañones del Berode en contra de los barcos ingleses y así da comienzo a la batalla. Durante cinco horas ambas flotas se baten a cañonazos hasta que los holandeses se retiran. Semanas después, los ingleses declaran formalmente la guerra, lo que marcaría el inicio la primera de las tres Guerras Anglo-neerlandesas, conflictos armados que durarían dos décadas.

Ni los ingleses ni los holandeses realmente deseaban desangrarse mutuamente durante veinte años de guerras. Entonces ¿Por qué pelearon?

Cuando los ánimos están suficientemente caldeados entre dos bandos sólo falta una chispa para que todo arda. Y una vez desatadas las huestes, es difícil volver a meterlas en el redil.

Aún en el siglo XXI seguimos viendo a diario ejemplos de conflictos armados entre países, grupos antagónicos o incluso vecinos, ocasionados porque alguien perdió la cabeza. Ira, pólvora, chispa. A veces no creo que hayamos aprendido nada de Blake y de Tromp.

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