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De vuelta a la ¿normalidad?

¿Cómo será nuestra vida diaria tras el fin de la pandemia de COVID-19?

Si hay algo que nos ha enseñado la pandemia es que hay cosas que son más importantes de lo que antes pensábamos, y otras que podemos dejar atrás sin demasiada pena.

El trabajo en casa, el comercio electrónico, el aprendizaje a distancia son algunas tendencias que, sin bien ya estaban presentes, tras el confinamiento han dejado de ser algo ‘del primer mundo’ y han llegado para quedarse. Al menos para ciertos trabajos, o para ciertos rangos de edad. Varios amigos, colegas y familiares, tras haber probado las maravillas de no tener que enfrentar el tráfico diario, la flexibilidad de horario que ofrece trabajar en casa o el código de vestimenta informal donde el calzado es opcional, ven con recelo la posibilidad de volver a trabajar a diario en oficinas y con un horario rígido.

En cambio, los más pequeños han aprendido a detestar casi universalmente las clases por Zoom y el aislamiento de sus compañeros. Espero que tras el regreso a clases presenciales los chicos aprecien más la interacción personal, lejos de las pantallas y las pequeñas cabezas parlantes que por ahora llenan sus mañanas.

Hoy tuve una reunión de trabajo en una cafetería a las 9am. A diferencia de las pocas veces que últimamente había salido de casa a esa hora, el tráfico hoy ha vuelto a su lentitud habitual. Es una muestra más que el fin (de la pandemia, espero) está cerca. Ya había olvidado lo que significa emplear media hora para recorrer sólo 5 kilómetros. Esto me hace apreciar más el privilegio que tengo de poder trabajar a unos cientos de metros de donde vivo.

Trabajar en casa tiene sus ventajas, pero también sus bemoles. Más de uno ha tenido que mejorar, muchas veces a costa de su propio bolsillo, el plan de internet, los equipos y mobiliario para poder ser eficientes sin la infraestructura generalmente disponible en las oficinas de una empresa.

Hace algunos meses leía en el diario El País que la pandemia ha hecho repensar a muchos la conveniencia de vivir -y ahora, también trabajar – en los característicos pequeños y poco ventilados pisos (departamentos) que conforman la mayoría de las viviendas españolas. El artículo reflexionaba acerca de lo inconveniente de permanecer meses en aquellos espacios apenas adecuados para dormir, sin poder siquiera salir ni al bar de la esquina. Podríamos aplicar el mismo análisis acá en México, donde las pequeñas casas adosadas y los departamentos de menos de 75 metros cuadrados son los más comunes. Un cuarto de estudio para trabajar cómodamente en casa es prácticamente un lujo persa. Ahora empiezan a verse más atractivas aquellas casas más grandes pero alejadas de los centros de trabajo y por lo tanto más económicas que aquellas mejor ubicadas.

Los espacios de trabajo distribuidos para empresas, los proyectos inmobiliarios con espacios de coworking son tendencia. Y el no tener que desplazarse al lugar de trabajo hace también repensar la conveniencia de tener dos (o más) vehículos en casa.

Y si bien industrias completas están al borde de la quiebra, como los cines o la turística, hay otras que han florecido. De acuerdo con Statista, se espera que en 2021 el ecommerce en México supere los 20 mil millones de dólares – un 12,8% más que el año anterior.

El regreso a la normalidad, que ya se aprecia a la vuelta de la esquina, no va a ser a la misma ciudad que conocíamos. Algunas cosas han cambiado, quizá invisibles a primera vista, pero probablemente de forma profunda y permanente.

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