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“Para llegar a donde nadie ha llegado jamás”

La secuencia de títulos iniciales de la serie de TV de los 60s Star Trek incluye esta frase para explicar la misión de la astronave Enterprise y su valiente tripulación.

La historia – y, por supuesto, el futuro – están llenos de ejemplos de grandes apuestas. Desde algún ancestro que arriesgó la vida para atravesar a pie el desierto en busca de mejores terrenos de cacería, pasando por Cristóbal Colón y su búsqueda del camino a las Indias hasta los visionarios contemporáneos como Steve Jobs o Elon Musk, todos tienen en común el haberlo apostado todo para ir donde nadie lo había hecho antes.

Aún quienes fallaron espectacularmente, como el capitán Scott – fallecido con toda su expedición al tratar de ser el primer hombre en llegar al Polo Sur – o Ernest Shackleton, cuya tripulación quedó atrapada en el hielo antártico durante meses y quien protagonizó un rescate épico, dejaron su huella en la historia de la exploración.

Si hay tanto por ganar al dedicarlo todo a una idea, empresa o aventura, ¿Por qué no lo hace más gente? En parte se debe a la real posibilidad al fracaso. Por cada antepasado que logró atravesar el desierto, incontables perecieron devorados, por hambre o de sed. O en el mar, como más del 90% de los tripulantes de Magallanes y Elcano en la primera vuelta al mundo. O quedaron en bancarrota como Preston Tucker o James DeLorean, los antecesores de Elon Musk y su Tesla Motors.

Pete Athans, alpinista que fracasó en sus primeros intentos de escarlar el Everest dijo ‘Las primeras 4 veces aprendí como no subir al monte Everest. Fracasar te brinda la oportunidad de refinar tus métodos. Tomas riesgos de forma más inteligente cada vez’.

Al final lo consiguió – siete veces.

Elon Musk publicó hace unos años un video titulado ‘How not to land an orbital rocket booster’ donde muestra los fallos, una y otra vez, al intentar aterrizar sus cohetes espaciales. Hasta que al final lo logró, y con ello revolucionó el mercado de lanzamientos al reducir drásticamente el costo del acceso a la órbita terrestre.

Entonces, ¿Deberíamos debemos lanzarnos ‘al infinito y más allá’ en busca de gloria y conquista? Creo que lo importante es definir nuestros sueños. No todos estamos llamados a explorar los confines del planeta, inventar el próximo Facebook o ser presidente del país. Pero sí que podemos aspirar a cosas grandes, como ser la mejor versión posible de nosotros mismos.

Debemos saber que el camino es difícil, y que no hay nada valioso que no requiera de mucho esfuerzo y sacrificio, porque es justo esa dificultad, la lucha, la que le da valor a la meta buscada. Y si no se logra la victoria al primer intento, tenemos la oportunidad de aprender y mejorar. Ya que con cada fracaso se aprende como no hacer algo.

La alternativa es no intentarlo, y conformarnos con lo fácil y cotidiano.

«El mayor peligro que enfrentamos somos nosotros mismos, un miedo irracional a lo desconocido. Pero no existe tal cosa como lo desconocido — sólo cosas temporalmente ocultas, temporalmente no comprendidas.»

Capitán James T. Kirk, USS Enterprise

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